Todos vosotros sois hijos de la luz e hijos del día. Nosotros no somos de la noche ni de las tinieblas. (1Te 5,5) Si dado que no somos de las tinieblas ni hijos de las tinieblas, decimos que no padecemos en nada las tinieblas de la muerte y quen o merecen ser revestidas de luz. Pensar así sería falso. Dios nos ha revestido de luz para que seamos luz para nosotros mismos pero sobretodo para los demás. Las tinieblas también rodean e impregnan nuestra vida. Tinieblas de la muerte de la que no podemos huir pero si transformarla en esa luz que Dios da a cada uno, de esa luz de vida y esperanza que todo lo transfoma. Somos hijos de la luz que debe iluminar completamente su vida para cambiar las tinieblas que todo hombre posee en su vida. Aurora Montesdeoca |
jueves, 19 de febrero de 2009
Aurora
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