Me llama mucho la atención la oposición presente aquí, sugiere una inesperada paradoja entre lo que se espera en el día del Senor, y los dolores y la ruina que recibirán. Parece indicarnos que si vivimos en la oscuridad, sin las lámparas encendidas, pereceremos. Nos invita de este modo a vivir con el corazón en el vela, en vilo, atento al menor de los gestos de Aquel a quien ama, es la actitud propia del corazón que ama.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario